El día que mis padres abrieron la tienda.
Tenía solo 7 años cuando mis padres abrieron las puertas de la tienda por primera vez, y aunque los recuerdos de ese día son borrosos, hay algo que siempre he sentido con claridad — que ese momento lo cambió todo. Mi padre nunca dejó de hablar de él. Para él no era simplemente la apertura de un negocio, era el comienzo de un sueño que había construido con sus propias manos, con años de esfuerzo, de sacrificio y de muchísimo amor.
Recuerdo haberle preguntado una vez por qué ese día era tan importante para él, y me respondió que porque era el día en que pudo demostrarle a su familia que todo el esfuerzo había valido la pena. Mirando esta foto, me veo de pequeña sin saber realmente lo que ese momento significaba. Hoy lo entiendo perfectamente. Cada vez que abro las puertas de Martínez-Barcelona, pienso en él y en todo lo que nos enseñó. Su legado no es solo una tienda — es una forma de tratar a las personas, de trabajar con honestidad y de poner el corazón en todo lo que haces.